Ubicar la mente solamente en el cerebro, aunque común, en la actualidad parece ser una concepción limitada de nuestros procesos cognitivos.
El filósofo Andy Clark escribe un interesante artículo en el NY Times, en el que presenta sólidos argumentos para pensar que la mente se extiende más allá del cerebro, al cuerpo y al mundo.
Clark menciona la famosa analogía del hombre borracho que busca sus
llaves bajo el faro de la calle y que, cuando se le pregunta que por qué
las busca sólo ahí, responde que porque ahí está la luz, y la
relaciona con el hecho de que la neurociencia hace un poco lo mismo al
pensar que todos los pensamientos y la conciencia ocurren en el cerebro
ya que ahí es donde se prenden las luces.
Un ejemplo de como la mente, la cognición, se ve afectada por procesos más allá del cerebro, es el trabajo de los investigadores Susan Goldin-Meadow y David McNeill,
quienes han realizado exámenes de diferentes tareas mentales en los que
se prohibe utilizar el cuerpo para gesticular o realizar algún otro
tipo de movimiento conspicuo. En varios tipos de tareas mentales, los
experimentos han mostrado que cuando se inhiben estos gestos la mente se
desempeña con menor proficiencia, algo que sugiere, sin creer que
tenemos neuronas en los brazos como los pulpos, que otras partes del cuerpo contribuyen al pensamiento y al razonamiento (y seguramente también a la intuición). A colación es interesante que Nietzche escribió: “Todos los pensamientos verdaderamente grandes fueron concebidos caminando”,
alertando sobre esta interacción mente-cuerpo en la que no sólo el
movimiento de las piernas y los brazos, sino el espacio que se atraviesa
alteran el funcionamiento de nuestra mente.
Andy Clark, profesor de metafísica en la Universidad de Edinburgo, argumenta que la mente humana es parte de una red
de relaciones con el resto del cuerpo y el mundo en el que habita, lo
que incluye la tecnología que en muchos casos funciona como “prótesis
cognitivas”, o “elementos bioexternos” ampliando la idea de Mcluhan de
que los medios son extensiones de nosotros mismos.
La teoría de la mente extendida o de la actividad mental externa señala que el organismo humano
está vinculado con una entidad externa en una interacción
bidireccional, creando un sistema emparejado que puede ser visto en sí
mismo como un sistema cognitivo. “Todos los componentes del
sistema forman un rol activo causal, y conjuntamente gobiernan el
comportamiento de la misma forma que generalmente lo hace la cognición.
Si removemos el componente externo la competencia en el comportamiento
del sistema caerá, de la misma forma que si removieramos una parte del
cerebro”.
Clark hace una interesante comparación, mencionando que si bien
creemos que los aparatos, gadgets y prótesis que utilizamos para
relacionarnos y pensar el mundo (para ser-con) son removibles (y que por
esto no serían parte de nuestra mente), lo mismo puede decirse de
nuestros cuerpos.
Si vamos más allá de la neurociencia hacia el ámbito de la metafísica podemos navegar con la idea de que la mente está en todas partes, que no somos nosotros los que tenemos una mente, sino es la mente la que experimenta tener un cuerpo, se experimenta a sí misma en todas las formas posibles. La filosofía metafísica de Oriente en algunos casos sostiene que el universo es consciente de sí mismo.
El éter o akasha que compone al espacio es un medio donde fluye la
información sin necesidad de un cerebro: en cualquier parte se encuentra
toda la memoria del sistema cósmico. La tradición hermética, de forma similar, mantiene que el mundo no está hecho, en su constitución fundamental de materia sino de mente (“la mente infinita del Todo es el vientre de universos”, dice el Kibalion). Tal vez sea significativo que en la física cuántica
las partículas subatómicas actúan como si tuvieran una mente propia,
conectadas instántaneamente a todas las otras partículas con las que han
interactuado, sin importar la distancia a la que se encuentren y
colapsando su función de onda al ser observadas por otra mente. Esto era
lo que Einstein llamó “spooky action at a distance”,
invocando la cualidad espectral dentro de la materia. Quizás las
partículas elementales se comportan de forma tan disparatada
precisamente porque están hechas de mente. En este sentido todo lo que vemos, que está supuestamente allá afuera, es parte de nuestra mente . La mente del universo. La piel no nos divide del mundo.
Fuente: http://www.cuanticas.com/
Fuente: http://www.cuanticas.com/
No hay comentarios:
Publicar un comentario