RÍO
DE JANEIRO, 19 jun 2013 (IPS) - Con una osada estrategia, el gobierno
de Brasil consiguió reducir la deforestación de la Amazonia en 84 por
ciento en los últimos ocho años. Pero si se contabilizan los recursos
naturales y los pesticidas utilizados en la producción agropecuaria, ese
avance ambiental merma.
El logro fue presentado este mes por la
presidenta de Brasil, la izquierdista Dilma Rousseff, y su ministra de
Medio Ambiente, Izabella Teixeira, con el tono de “tarea casi cumplida”,
dijo a IPS el director del gubernamental Departamento de Políticas de
Combate a la Deforestación de la Amazonia, Gustavo Oliveira.
Entre agosto de 2011 y julio de 2012, se
deforestaron 4.571 kilómetros cuadrados de la Amazonia, la cifra más
baja desde que en 1988 el Instituto de Investigaciones Espaciales
estableció el control satelital. Esto supuso una caída de 27 por ciento
respecto del mismo periodo precedente.
“Llegamos al menor índice de deforestación de toda la serie histórica, iniciada en 1988”, dijo el alto funcionario ambiental.
En 2004, cuando se estableció el
interministerial Plan de Acción para la Prevención y Control de la
Deforestación, Quemas y Explotación Maderera Ilegal en el bosque
amazónico, la pérdida fue de 27.772 kilómetros cuadrados. La
deforestación de 2012 representa una caída de 84 por ciento desde que
comenzó el plan, dijo Teixeira.
La región amazónica ocupa 5.033.072
kilómetros cuadrados, 61 por ciento del territorio brasileño, y la caída
de su deforestación contribuyó en forma esencial a que el país se
acerque a cumplir la meta de reducción de emisiones de gases que
provocan el recalentamiento del planeta.
Para 2020, Brasil se comprometió
voluntariamente a reducir la deforestación en 80 por ciento, respecto
del nivel de 1990. “Ya alcanzamos 76 por ciento de esa meta”, resaltó la
ministra el día 5.
“Varios sectores contribuyeron a eso. El
gobierno federal al mejorar la fiscalización, redujo la tala ilegal de
madera en la Amazonia, así como la expansión de la quema de la
superficie forestal para actividades agropecuarias”, dijo Carlos
Painel, de la no gubernamental Alternativa Tierra Azul.
El plan se lanzó al comienzo del gobierno
del también izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2011), con
tres ejes entrecruzados: mayor control y castigo contra la tala ilegal,
estimulo a las actividades sustentables y ordenamiento territorial.
Con este último se crearon las unidades
de conservación forestal, que totalizan 250.000 kilómetros cuadrados,
equivalentes a 75 por ciento de las áreas bajo protección ambiental del
mundo, según cifras oficiales locales.
Los ambientalistas celebran los resultados, pero alertan sobre aspectos colaterales y amenazas futuras.
“Hubo un retroceso el último año, principalmente después de la aprobación del nuevo Código Forestal”, subrayó Painel a IPS.
Ese polémico código, promovido por el
poderoso sector agropecuario, revirtió la caída de la deforestación
“poniendo nuevamente en peligro a la Amazonia”, sostuvo.
Bajo su manto, por ejemplo, se estableció
una amnistía a los taladores ilegales anteriores a julio de 2008. Eso
apoyó una sensación de impunidad entre los grandes productores
agropecuarios y los madereros ilegales, aseguró a IPS el exdiputado
Fernando Gabeira, del Partido Verde.
“Esos actores de la Amazonia entendieron que era necesario seguir deforestando lo más rápido posible”, dijo.
Gobierno y ambientalistas consideran que
en las “cuentas amazónicas” debe incluirse un factor adicional: la
expansión económica de un país que crece como potencia mediante dos
pilares, la producción agropecuaria y la minería.
Brasil es uno de los mayores exportadores
de soja, carne y azúcar, y su meta es transformarse en el mayor
productor mundial de alimentos. China es actualmente el principal
importador de la oferta agropecuaria brasileña.
“La deforestación depende mucho del
crecimiento económico, y sobre todo ahora depende mucho de China, que
compra soja, carne y minerales. De la relación con la nación asiática
depende mucho el proceso futuro”, destacó Gabeira.
Painel aseguró que, junto con los
madereros ilegales, la expansión en tierras amazónicas de cultivos como
la soja y de la cría ganadera son factores que inciden fuertemente en
la deforestación del territorio.
Agregó que “es importante que en la
producción agrícola se contemplen todos los insumos”. “No están
contabilizados los recursos naturales utilizados, ni existe una
producción más orgánica y sustentable”, criticó.
Recordó, además, que actualmente Brasil
es el mayor consumidor mundial de pesticidas y que el país no incluye en
la cuenta de su crecimiento económico ni en sus exportaciones costos
como el agua consumida por el llamado agronegocio.
“Por cada kilogramo exportado de carne se
consumen miles de litros de agua, recurso que es mundialmente un bien
precioso”, ilustró.
El ambientalista mencionó otros recursos
naturales que no se restan a los logros, como el uso de la tierra, “un
recurso que pocos países tienen como Brasil”.
Tampoco descuentan el “exagerado” consumo
de combustibles para la producción y el transporte terrestre utilizado
mayormente para llegar a los puertos.
“La cuenta tiene que incluir otros
factores como la sustentabilidad, la cuestión social, el beneficio del
país y principalmente la inversión en una nueva tecnología que aumente
la producción con menos recursos naturales y sin contaminantes”,
añadió.
“No tenemos por qué asumir el papel de
alimentar al mundo. Podemos contribuir. Pero esa no es la función de
Brasil, la de alimentar a miles de millones de puercos de China con
granos de soja”, opinó.
Según el Ministerio de Medio Ambiente,
las áreas de pasto y de vegetación secundaria (con bosque en
crecimiento) crecieron 22 por ciento entre 2008 y 2010. Los pastizales
ocupan crecientemente áreas de reciente deforestación.
“Esto demuestra que es posible producir
de forma sustentable con la preservación del ambiente mediante prácticas
agrícolas sustentables”, dijo la ministra Teixeira.
Pero el gobierno admite que para mantener
resultados positivos en la Amazonia es necesario reforzar la promoción
de actividades económicas sustentables y asegura que el plan pasará a
enfocarse en ello.
Oliveira mencionó, como ejemplo, la
cantidad de tierras amazónicas aún sin adjudicar, que podrían
convertirse en áreas para un manejo forestal sustentable, para el
asentamiento de poblaciones o para producción.
“Tenemos que separar la paja del trigo
porque existen personas de buena fe que están en la Amazonia trabajando
correctamente, respetando la legislación ambiental y construyendo un
futuro de forma correcta”, explicó.
Pero, infelizmente, la mayoría persiste en comportamientos ilegales, agregó.
Una experiencia positiva en ese sentido,
según Oliveira, es el pacto de no comprar soja de áreas deforestadas,
vigente desde 2008 y cumplido por 90 por ciento de los empresarios.
También existe un compromiso pecuario para que los frigoríficos no adquieran carne de áreas deforestadas ilegalmente.
Brasil no puede bajar la guardia en
demostrar que puede crecer y mantener sus bosques, expresó el
responsable de reducir la deforestación amazónica.
Painel cree que para ello habrá que
“cambiar la visión del agronegocio en Brasil”. “Tiene un papel
importante en la economía nacional, pero su rumbo está totalmente
atrasado”, sostuvo.
Salvo pocas excepciones, “los grandes
productores quieren el mayor número de tierras posibles y por eso
avanzan sobre unidades de conservación, avanzan sobre territorios
indígenas, avanzan sobre ríos… no tienen ningún pudor en acelerar al
máximo el proceso de deforestación para la producción”, concluyó.
Fuente: https://maestroviejo.wordpress.com/
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