lunes, 9 de septiembre de 2013

El porqué de la guerra: la guerra que usted no ve

Si las personas realmente supieran la verdad, la guerra terminaría mañana. Pero, está claro, ellos no la saben, y no la pueden saber.” 

 Primer Ministro británico David Lloyd George al editor de The Guardian, C.P.Scott, en el auge de la Primera Guerra Mundial. Durante la I Guerra Mundial, el 10% de todas las bajas eran civiles.

Durante la II Guerra Mundial, el número de muertes de civiles se elevó al 50%
Durante la Guerra de Vietnam, el 70% de todas las bajas fueron civiles.
En la Guerra en Iraq, los civiles representan más del 90% de todas las muertes.

Marvin Harris, el mismo antropólogo que afimaba en una entrevista que ”el amor es un instinto irresistible, la guerra no” también advertía que ”los arsenales nucleares albergan armas suficientes para matar de forma definitiva a toda la especie humana y gran parte del mundo  animal y vegetal que conocemos.

¿Qué clase de principios prácticos, morales o éticos legitima a un pequeño número de expertos para jugarse el futuro de nuestra especie apostando a que las armas nucleares nunca se llegarán a utilizar?

Es una apuesta que se ha hecho sin contar en absoluto con el consentimiento de la gente que va a morir si resulta que los estrategas han errado”

No en vano, son múltiples las teorías sobre el origen de la guerra, su causa y su evolución. Las hay sobre su importancia y necesidad, y también están los sueños quijotescos sobre su inutilidad y sobre la paz mundial.

El mismo Marvin Harris, y otros más, afirman que la guerra es una respuesta a las necesidades ecológicas, ya que “los grupos pueden aceptar racionalmente el riesgo de las muertes en combate a cambio de la oportunidad de mejorar sus condiciones de vida reduciendo por la fuerza la densidad demográfica del vecino” 

Es decir, el origen de la guerra se basa en la competencia por los recursos generalmente escasos o por una elevada presión demográfica sobre ellos.

Ashley Montagu, también antropólogo, advierte que existen sociedades como los inuit (esquimales) que carecen del sentido de la propiedad territorial recibiendo pacíficamente a cualquier persona que decida instalarse entre ellos, mientras que hay otros grupos tribales que se adaptan pacíficamente a la invasión de sus tierras marchándose a otro lugar.

Para Lévi-Strauss,“los intercambios económicos representan guerras potenciales resueltas pacíficamente, y las guerras son el resultado de transacciones desgraciadas”.

Para Pierre Clastres en su artículo “Arqueología de la violencia”, lo que discute es la aceptación generalizada del mundo indígena como un mundo de penuria y miseria. 

“Las investigaciones más recientes demuestran que la economía de los Salvajes (…), permite en la práctica dar total satisfacción a las necesidades materiales de la sociedad”, siendo entonces una economía de la abundancia en lugar de la escasez. Por ello, las causas de la guerra no residen en la escasez de recursos o en la imprescindible transacción de aquellos, sino en reafirmar su diferencia frente a las otras sociedades, y es lo suficientemente tensa como para que sea una suerte de guerra permanente. 

“La guerra es una estructura de la sociedad primitiva” concluye. Según Clastres, la comunidad necesita de la figura opuesta del enemigo para pensarse como totalidad y unidad, para mantener la independencia política de cada comunidad.

Por lo tanto, a lo que se oponen es a la unificación, es decir, al Estado, a la vez que hace uso de estrategias pacíficas-sociales en el interior del grupo para prevenir la centralización del poder y la formación de jerarquías.

El antropólogo Raymond C. Kelly, por su parte, también contradice el uso de las guerras en relación a la distribución de recursos, y afirma que realmente un cálculo costes-beneficios hace mucho más rentable la cooperación pacífica al enfrentamiento bélico.

De hecho, en la guerra moderna punitiva, al contrario que en la guerra primitiva, el objetivo no es tanto mantener la diferencia grupal, sino reforzar el poder del omnipotente opresor frente al sumiso, a través de una guerra permanente u “operación de contingencia en el extranjero”, como nos la venden.

El General James Cartwright, el ex-vicecomandante del alto mando conjunto, dijo que en los Estados Unidos para los próximos cinco o diez años ”la probabilidad militar seguirá participando en el mismo tipo de conflictos que ha estado luchando desde el año 2001.

Nadie que yo conozca piensa que vamos a estar fuera de este tipo de conflictos en corto plazo, no hay nada que nos diga que no estaremos envueltos en estos conflictos hasta donde los ojos puedan ver”

Por su parte, Bryan Whitman, subsecretario de defensa de EEUU. opina sobre estas palabras (*) que: 

”Hay muchos peligros asimétricos que están ahí. El terrorismo, obviamente, es uno de ellos. Lo que nosotros antevemos en el futuro no es conflicto de nación contra nación. Son esos conflictos asimétricos que están por ahí.

Es la amenaza de armas de destrucción masiva. Son amenazas que trascienden fronteras geográficas. Los militares estadounidenses tienen que prepararse para una amplia gama de amenazas que existen por ahí, a fin de proteger sus intereses nacionales”

Ethan McCord fue uno de los primeros soldados en llegar a una matanza recién perpetrada por los estadounidenses en Bagdad (“La Paz”), por la “amenaza de armas de destrucción masiva” y otras amenazas que existen “por ahí”, y cuenta: “Los cadáveres no parecían humanos. Y estaba el olor. El olor no era igual a nada a lo que yo hubiera olido antes. Una mezcla de heces, orina, sangre, humo y otras cosas indescriptibles.

Oí un llanto. No llanto de dolor, sino el de un niño que acababa de pasar al lado de un hombre muerto. Y vi que había muchos hombres, los llantos parecían venir de ellos. Lo que vi dentro de la caravana fue una muchachita de unos cuatro años en el asiento de pasajeros. Tenía una grave herida en la barriga y vidrio en sus cabellos y en sus ojos. “Tenemos que evacuar a esta niña” dije.
“Es culpa de ellos que traen a sus niños a una batalla!” me respondieron. Yo tenía una hija que era un poco mayor que esa muchacha. Un niño se movió, saqué al niño de la furgoneta y lo apreté contra mi torax.

Yo salí gritando: “El niño esta vivo” el niño está vivo!” En ese momento sus ojos me miraron, volvieron a la vida. Mi corazón se zambulló. “Está bien, estoy contigo, todo va a salir bien, no te mueras. Y lo apreté más fuerte contra mi torax. “

¿Qué carajo estás haciendo McCord?” Era el líder de mi pelotón. “Tú te preocupas por esa mierda de niños en lugar de la seguridad?!” En ese momento, lo único que pensé fue: “Esta en lo cierto, señor!”"

El antropólogo australiano Michael Taussig ha analizado el terror político por el que los seres humanos se hacen más vulnerables y maleables, y revela que en la actualidad, el estado de emergencia no es la excepción sino la regla. “El terror es lo que mantiene a estos extremos en aposición, del mismo modo que esta oposición mantiene el ritmo de apatía y choque que constituye la aparente normalidad de lo anormal creada por el estado de emergencia” Y continúa argumentando que “Por sobre todas las cosas, la guerra sucia es una guerra de silenciamiento.

Oficialmente no hay guerra alguna. No hay prisioneros. No hay tortura. No hay desapariciones. Sólo el silencio que consume en gran parte el lenguaje del terror, intimidando a todos para que no se comente nada que pueda ser interpretado como una crítica a las Fuerzas Armadas… es la presencia de lo no dicho lo que logra el más simple de los comentarios de la esfera pública se vuelva asombroso en esta época de terror”

De esta manera, la seguridad se ha transformado en un bien preciado. “Te regalan miedo y te venden seguridad”. Como afirma Gavin de Becker, el que fuera asesor de seguridad de la Casa Blanca en su libro “El valor del miedo”, ”infundir temores y dar seguridad ante ellos es lo más importante que ocurre en las relaciones humanas”.

Así, este Estado de emergencia permanente lleva continuamente a la guerra al desorden amenazante, y al Otro amenazante, y el terror es la bala más destructiva que se dispara.

Un ejemplo claro ocurrió en Sarajevo. Los francotiradores en esta guerra tenían comoobjetivo principal infundir temor. Las víctimas tenían tarifas: la tarifa más baja eran los ancianos, la más alta los niños, y si a estos niños los dejaban inválidos, doble tarifa, porque producía más dolor en los padres y en la población.

¿Pero cómo se puede cometer tal atrocidad? Guy Smallman, fotoperiodista independiente, cuenta lo que vió y sintió cuando llegó a la aldea Fahra de Afganistán, después de que una bomba de 2000 libras fuera arrojada en medio de la aldea. 

”La mayoría de ellos murieron. La primera cosa que me impactó fue el silencio. En el campo afgano, sólo se oye el canto de los pájaros, y estaba absolutamente todo en silencio. Y aún había un fuerte olor a muerte. Lo que más me impactó fueron los niños. Era casi como si todas sus energías y emociones les hubieran sido extraídas. Y nos miraban de forma penetrante, a media distancia. No reían y casi no hablaban.

Creo que ha sido lo que me dejó una impresión más duradera. (…) Y entonces vino la diferencia de cifras. Los civiles decían que más de 140 personas habían muerto, la OTAN dijo que fueron 25.” “¿Por qué cree que las audiencias occidentales no tienen un sentido real de una atrocidad de esta magnitud?” le preguntó un periodista. “Yo creo que las personas se vuelven insensibles a esto. (…) No ven de hecho aquellos cuerpos. Sin rostros, sin nombres. Son nada más que números. Sean afganos, iraquíes, o civiles libaneses, son tan sólo números.”

Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos presentó a los japoneses como seres salvajes que “comían pescado crudo”, algo considerado repugnante en las sociedades occidentales del momento, y que los deshumanizaba a ojos de los americanos.

Los japoneses, por su parte, en plena guerra, enviaban en paracaídas a los campamentos de soldados discos de cantantes de moda, para así empatizar con los americanos.

Rafeef Ziadah, palestina, era la portavoz de prensa para la coalición. Cuenta como uno de los periodistas le preguntó: 

¿No crees que todo estaría bien si simplemente dejarais de enseñar a vuestros hijos a odiar? 

Y entonces escribió un poema titulado “Nosotros enseñamos vida, señor”. ”Nosotros, los palestinos enseñamos vida después de que ellos, hayan ocupado el último cielo. Nosotros enseñamos vida después de que ellos hayan construido sus asentamientos y sus muros del Apartheid, después del último cielo”

“¿Por qué será que hay muros tan altisonantes y muros tan mudos?” se pregunta el escritor Eduardo Galeano. Pero los muros más peligrosos, los muros más altos y fuertes, son los que construímos en la mente, especialmente aquellos que están construídos con el cemento de la Ciencia. 

”Triste época la nuestra, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio” afirmaba Albert Einstein.

Marshall Sahlins, un respetado antropólogo, dimitió en marzo de este año de la Academia Nacional de las Ciencias (NAS), la sociedad científica más prestigiosa de los Estados Unidos. La causa fue la elección del antropólogo Chagnon como miembro de la misma, el mismo que en su trabajo de campo entre los yanomami en los años 1960-70, les describía como un “pueblo violento”, y aseguraba, por lo tanto, que la propensión a la guerra era innata y un estado natural de la humanidad. Shallins, en una entrevista para explicar su dimisión, aclaró que tampoco quería participar en la ayuda y el apoyo que la NAS está proporcionando a la investigación en ciencia social para mejorar la actuación en combate de los militares de EE UU, ”teniendo en cuenta el peaje que los militares han pagado en sangre, riqueza y felicidad del pueblo norteamericano y el sufrimiento impuesto a otros pueblos en las innecesarias guerras de este siglo.

Creo que si la NAS se implica en este tipo de investigación debería ser para estudiar como promover la paz, no como hacer la guerra.” Davi Kopenawa, portavoz de los indígenas yanomamis de Brasil y presidente de la asociación yanomami Hutukara, también se pronunción sobre el trabajo de Chagnon ”Dijo sobre nosotros ‘¡Los yanomamis son salvajes!’.(…)

¿Pero qué hacen sus líderes? Creo que hace algunos años su líder libró una gran guerra; mataron a miles de pequeños, mataron a miles de niñas y niños. Esos grandes hombres acabaron con casi todo. Esas son las personas feroces. El verdadero pueblo feroz. Ellos lanzan bombas, disparan metralletas y acaban con la Tierra.

Nosotros no hacemos eso…”. En realidad, muchos son l@s antropólog@s que aseguran que la teoría de que somos una especie agresiva por naturaleza carece de base científica, al igual que la gestión de las sociedades en divisiones jerárquicas. ”Sólo la perspectiva de la comprensión mutua, aparte de la cultura propia de cada uno, nos permite concebir esperanzas de una reconciliación mundial y de poner fin a la amenaza de destrucción mutua.” asegura Marvin Harris.

La guerra que usted no ve – John Pilger.  http://unaantropologaenlaluna.

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